¿Frío o caliente? ¿Encender el fuego o tirar de fiambres? ¿Asar o freír? ¿Mezclarlo con algo? ¿Microondas o sartén? ¿Pelarlo o comerlo a mordiscos? La cocina nos obliga a tomar decisiones una y otra vez. Si no lo hacemos, alguien lo hará, con el riesgo que ello implica.